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Hace unos días me encontraba en Huanuco. Los que han leido mi post anterior (de hace ya, ufff, algunos mesesitos :p, aprovecho para disculparme por el abandono del blog, pero las obligaciones en el seminario y en la universidad me dejaron muy poco tiempo para continuarlo, pero ahora sí ya me tomé el tiempo, aprovechando mis vacaciones ^^) saben que en mayo tuve la oportunidad de acompañar al Obispo de Huanuco en un viajo suyo en Alemania, como traductor. Esa experiencia fue para mi muy espescial, y el Mons. me pidió, que la próxima vez que estuviese por Perú le avisara, para poder acordaruna visita en Huanuco. Asi que aprovechando que me encuentro de vacaciones en mi tierra, le avise a Mons que me encontraba por aca y coordinamos una visita.
En Huanuco me hospede los primeros días en una Aldea Infantil (para niños huerfanos, o cuyos padres estén en la carcel, o que no puedan vivir con sus familias por causas de violencia familiar). La primera tarde tuve un encuentro con los jóvenes de la Aldea y la Parroquia, en la que cantamos, y se hablo de mucho. Y una de las exposiciones que se hizo llamó mi atención de manera especial, ya desde el título: "Las cuatro patas de la mesa".
Y me gustaría compartir esta reflexión, que también se puede llamar: Las 4 vías hacia Dios o Los 4 dogmas del cristiano del valle.
Hoy en este post me gustaría tratar la "primera pata de la mesa": EL SILENCIO

Hoy en día vivimos en una sociedad en la cual la prisa y bulla son natural algo del día al día. Vamos de un lugar a otra, de una cita a la siguiente, muchas veces sin pausas entre ellas y siempre pensando algo. Los ruidos de ciudad llenan nuestros recorridos: bocinas, televisiones, radios, gritos, sirenas de ambulancia, de policía, pasos, ladridos, maullidos, etc
Para los que viven en la ciudad se puede plantear la pregunta: cuando fué la ultima vez, que realmente estuvieron en completo silencio?
Para mas de uno, estoy seguro, será muy difícil encontrar la respuesta.
En cambio, para las personas que viven en el campo, la realidad se ve diferente.
Haciendo un paseo en la cabeza, transportémonos por un momento al campo del Perú, en los Andes. Uno es un campesino, no tiene un empleador. Eso significa, que uno tiene todo el tiempo del día para hacer su quehacer. No hay prisas, ni bullas de ciudad. Uno está en el campo, sólo, y sólo se escuchan los ruidos de la naturaleza. La vida es sencilla, no hay tanta filosofía de televisión, ni política, ni ninguna de las distracciones que llenan nuestras vidas.
Ahora, visto asi, creo que no es muy difícil entender, el porque en este ambiente rural la fe en Dios no se ha perdido.
El silencio, la calma son la primera via que se propone para llegar a Dios. Cuando uno deja que todas las voces de afuera callen, y empieza a escuchar en el silencio, poco a poco va a ir dándose cuenta que hay otra voz, muy calmada y callada, que nos habla desde el interior, en el silencio.

Si empezaramos a dedicarle un poco de tiempo al día, a estar en silencio, apagando la radio, el televisor, la laptop, la computadora, el MP3, MP4, iPod, etc y nos dedicamos a calmarnos y a escuchar al silencio, poco a poco podremos no solo aprender a tomar la vida con mas calma y sin tanto estrés, sino que empezaremos a escuchar esa voz de Dios, que tantas veces nos habla, pero que los otros ruidos no nos dejan escuchar.
Ésta es entonces, la primera pata de nuestra mesa, la primera enseñanza de un cristiano, de un campesino del Valle: aprende a callar, aprende a buscar el silencio, aprende a vivir en paz y sin tanto estrés, que cuando estes en silencio y escuchando, podrás esuchar al Dios que te habla.
Si pues, indudablemente toda persona tiene algo que enseñarnos, a pesar que aparentemente no tengan el "nivel de educación" de un colegio privado.
Para terminar esta primera reflexión les dejó una hermosa cita de la Biblia, del Profeta Elías: en ella, Elías espera la llegada de Dios, pero Dios no llega con pompa y circunstacia, sino justamente en la calma; y con esta historia me despido hasta la próxima!
"Entonces se le dijo: "Sal fuera y permanece en el monte esperando a Dios, pues Él va a pasar." Vino primero un huracán tan violento que hendía los cerros y quebraba las rocas delante de Dios. Pero Dios no estaba en el huracán. Después hubo un terremoto, pero Dios no estana en el terremoto. Después brilló un rayo, pero Dios no estaba en el rayo. y después del rayo se sintió el murmullo de una suave brisa. Elías, al oírlo, se tapó la cara con su manto, salió de la cueva y se paró a su entrada." (1Re19,11-13)










